Lev Shestov, inédito: “Apoteosis de lo infundado”


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Origen: Lev Shestov, inédito: “Apoteosis de lo infundado”

Reflexiones incompletas: Libertad y locura


No son tan ajenas una de la otra como podría pensarse en un primer momento. Y no hablo simplemente de la libertad que cree poseer aquel a quien todos llaman loco. Todo lo aprehensible, a lo que tenemos acceso, lo que avistamos y podemos tomar, es siempre susceptible de ser apoderado por nosotros; es decir, podemos ser dominadores de ello. Siendo así, no cabe hablar de libertad. Lo que hace posible que podamos aprehender algo es la facultad de razonar (ratio). ¿Podemos decir entonces, que únicamente lo que escapa a la razón es verdaderamente libre?

Las categorías propias de la ratio son necesariamente límites, dentro de los cuales se mueve (ahí sí) “libremente” el pensamiento. Cada una de esas reglas le sirve para orientarse y dirigirse. Posibilita además esa maravillosa cualidad de compartición. Todo pensamiento sujeto a unas mismas categorías podrá ser primero expresado y luego comprendido.

Sin embargo, salta a la vista que toda norma es una prohibición. Así también las categorías. En el lenguaje, por ejemplo, si empezamos a cambiar la estructura gramatical de una frase, así como a desajustar la concordancia entre la conjugación del verbo y el sujeto que realiza la acción, estaremos violentando ciertas “prohibiciones” o normas, adquiriendo una mayor libertad en detrimento de su comprensibilidad.

Hay, no obstante, una diferencia cualitativa entre el lenguaje y el pensamiento. Como hemos visto en el ejemplo, las normas gramaticales y de otra índole que rigen el lenguaje compartido por los hablantes de una misma lengua pueden ser tomadas en cuenta o, simplemente, dejadas de lado. A su origen, más o menos arbitrario, se le une la aplicación siempre voluntaria (porque se supone que queremos, al usarlas, ser comprendidos por otros). A diferencia del lenguaje, el pensamiento no parece susceptible de saltarse las normas que rigen su configuración. Es más, su constitución, su formación, parece estar sujeta irremediablemente al cumplimiento obstinado de toda una serie de categorías que llamamos lógico-racionales.

Todo pensamiento, incluido el que llamamos presuntamente libre, se forma siempre por conexión con otros pensamientos (derivados de experiencias, etc.) hacia atrás (pasado), en el presente (inputs) y hacia el futuro (deseos, hipótesis, etc.). Por lo tanto un pensamiento nunca surge espontáneamente sino que debe su aparición y supervivencia a otros pensamientos que han servido como νόμος. Pero no se debe únicamente a una limitación hipervinculante, sino que su propia estructura atiende, además, a normas lógicas (mayoritariamente de carácter silogístico).

En ocasiones, cuando todo esto se intenta (voluntariamente) perturbar, cabe la posibilidad de aparición de un nuevo lenguaje, como en algunos casos la poesía. Y aunque puede ser en apariencia transgresor y renovador en cierto sentido, no se está logrando una ruptura real de ninguna categoría o norma, sino que simplemente se están empleando límites diferentes a los comúnmente aceptados pero que no dejan de estar en conexión con ellos, muy probablemente de manera inconsciente (lo que le otorga precisamente la apariencia de ruptura y transgresión). Este tipo de pensamiento (que da lugar a ese lenguaje subversivo) sigue estando encajonado; sigue siendo esclavo…¿o se ha liberado por completo?

Leon Chestov Pt. III: Nietzsche


“…allí donde, según la convicción general, no podía haber más que tinieblas y caos… puede que en aquella región cada hombre subterráneo valga tanto como el universo entero, y es allí, tal vez, donde los hombres de la tragedia encontrarán lo que venían buscando…”

Continuamos con el análisis de La filosofía de la tragedia, esta vez centrado en Nietzsche. Humano, demasiado humano fue, para él y para su obra, el punto de inflexión. Nietzsche, al igual que Dostoievski, comenzó siendo un romántico, un idealista. Sin embargo, para ver hasta qué punto rompió Nietzsche con su pasado basta decir que fue con HdH que Wagner decidió romper toda relación con él. No tuvo intención, siquiera, de darle explicaciones. Estaba enamorado del arte, las imágenes poéticas y los conceptos filosóficos. Nietzsche intentó preservar y convivir con esos ideales. Pero le fue imposible llevar consigo tal acto hipócrita. Y así, de pronto, abandonó todos los antiguos ídolos y enfrentó el mundo en la más absoluta soledad. Sigue leyendo

La Filosofía, por Gilles Deleuze


Gilles Deleuze: “La filosofía no sirve ni al Estado ni a la Iglesia, que tienen otras preocupaciones. No sirve a… http://t.co/2mVhSSdC

Leon Chestov Pt. II: Dostoievski


“¿La filosofía de la tragedia no es, acaso, la filosofía de la desesperación, de la demencia, de la muerte misma?”

Así comienza Chestov su libro La filosofía de la tragedia* de 1926. Precisamente se habla ahí de la desesperación, de la demencia y de la muerte. En la época en que está escrito avanzaba por europa una confianza plena en la ciencia y el positivismo vivía un auge que le permitía dictar autoridad. Se alababa a la técnica y se confiaba en que juntas –ciencia y tecnología- guiaran a la humanidad a un porvenir dichoso. Todo se supeditaba al Progreso. Un futuro tan majestuoso era el que le esperaba a la humanidad, que no importaba el precio a pagar, todo sería redimido.

Ese era el único camino y nadie se atrevía a dudar de ello. Chestov, sin embargo, no quiso ese camino. Sigue leyendo