Leon Chestov Pt. II: Dostoievski


“¿La filosofía de la tragedia no es, acaso, la filosofía de la desesperación, de la demencia, de la muerte misma?”

Así comienza Chestov su libro La filosofía de la tragedia* de 1926. Precisamente se habla ahí de la desesperación, de la demencia y de la muerte. En la época en que está escrito avanzaba por europa una confianza plena en la ciencia y el positivismo vivía un auge que le permitía dictar autoridad. Se alababa a la técnica y se confiaba en que juntas –ciencia y tecnología- guiaran a la humanidad a un porvenir dichoso. Todo se supeditaba al Progreso. Un futuro tan majestuoso era el que le esperaba a la humanidad, que no importaba el precio a pagar, todo sería redimido.

Ese era el único camino y nadie se atrevía a dudar de ello. Chestov, sin embargo, no quiso ese camino. Sigue leyendo

Leon Chestov Pt. I: Introducción


“Hasta ahora nuestra ciencia no supo hacer otra cosa sino apartarse de todo lo que presenta la vida de terrorífico como si no existiese, y oponerle los ideales, que así aparecían como la verdadera realidad”

ChestovEsta frase de Chestov* resume fielmente su parecer y también su punto de partida para toda ulterior reflexión. Puede decirse, sin temor a equivocación, que el hombre ha tenido siempre miedo a lo desconocido. Por qué ese miedo no se manifiesta hoy más que enmascarado bajo el nombre de ciencia, y cómo ese miedo primigenio acabó –lo cual es un rasgo psicológico fácilmente determinable- convirtiéndose en dominación, no es, por su extensión, el propósito de esta reflexión. Ese miedo es ya expresado en la antigüedad con Parménides como miedo al cambio: “Es necesario decir y pensar esto: que lo que es, es. Pues hay ser pero nada no la hay.” (Parménides, Fr. 6) Lo más desconocido para el hombre es la muerte, y el poema de Parménides grita de pavor ante el cambio, ante el no-ser. El pensamiento no puede mantenerse a flote en lo desconocido y, así, la razón decide empezar a construirse bases sólidas sobre las que legitimarse. Esto es: comienza a imaginar qué podría ser aquello que consiguiera estar a salvo de todo lo tenebroso, de lo desconocido, del cambio; en definitiva, evadir la muerte.

El mayor ejemplo que nos ha dejado la historia de la filosofía es, sin duda, Platón. En su afamado mito quiere que nos liberemos de las cadenas que nos retienen en lo terrenal, es más, de aquello que se encuentra bajo la tierra y por ello en oscuridad; quiere que olvidemos el mundo de las sombras, que produce confusión en la razón humana. Nos promete, por otro lado, un mundo luminoso e ideal, completamente ajeno al cambio, al no-ser que tanto temía Parménides, para así alcanzar la eternidad.

Pero esto no es lo que quiere Chestov. Esto le parecen artimañas que con su pretensión de librarnos del engaño, acaban por confundirnos aún más, renegando de una realidad existencial para el ser humano. “Si la razón tiende a demostraciones indiscutibles, si aspira a verdades irrefutables y busca bases sólidas evitando toda la problemática […], entonces, este tipo de razón no puede y no debe tener nada que ver con las verdades existenciales que le atañen al ser del hombre, pues sólo en lo problemático, lo azaroso y lo irrepetible estas verdades adquieren su justificación auténtica” (Malishev: “Las reflexiones de Leon Tolstoi sobre la muerte en la hermenéutica existencial de Leon Shestov”, CIENCIA ergo sum, vol. 17-3, noviembre 2010-febrero 2011. Universidad Autónoma del Estado de México, Toluca, México. Pp. 230-238).
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