La melodía del joven divino


Título: La melodía del joven divino

Autor: Carlo Michelstaedter

Editorial: Sexto piso, 2011

Páginas: 205

Precio: 19€ aprox.

ISBN: 9789496867901

Se dice que el suyo fue, a sus veintitrés años, un suicidio metafísico. No fue precisamente un pensador pesimista, como cabría esperar; su pensamiento fue lúcido, y de él extrajo consecuencias auténticamente trágicas.

Siendo la suya una vida tan corta no es de extrañar que nos encontremos con unas reflexiones poco desarrolladas a veces, abruptas en ocasiones, y a menudo bastante oscuras. Sin embargo, leyendo esta obra (a la que se suman su tesis universitaria La persuasione e la Rettorica -1910-, y Dialogo della Salute junto a otros escritos menores) nos toparemos con visos de potencialidad filosófica. Por ejemplo, en “De las partículas adversativas” nos presenta una interesante reflexión acerca de la violencia intelectual por la que toda afirmación de “la propiedad intelectual es la negación de la intelectualidad ajena”, para afirmarse no se basta a sí misma, sino que debe contra-ponerse a otro pensamiento, negándolo o, si no, restándole importancia

Pero sin dunda, el centro de mayor peso en sus reflexiones parece ocuparlo la idea de que toda vida es ilusoria, de lo que se desprende que el dolor no es “este” o “aquel”, sino la propia vida. Se acerca así a cierto existencialismo, sobre todo al anteponer las preguntas por qué y para qué la vida frente a las generalizaciones de la ciencia, a la que considera mera erudición. Su idea es que el tiempo es el culpable de otorgarle a las cosas ese caracter ilusorio, convirtiéndolas en vanas. Las cosas siempre están ligadas a un tiempo y un espacio, y también a otras ilusiones; fuera de ahí, nada. Precisamente aquí reside lo trágico de su pensamiento (y probablemente de su vida), pues la vida se funda y sostiene en lo ilusorio (especialmente revelador es el “Diálogo entre Diógenes y Napoleón”, recogido por la editorial Marbot en El diálogo de la salud y otros fiálogos filosóficos, 2009), una ilusión que busca postergarse a toda costa, sustituyéndose y renovándose constantemente para que el “yo” perdure. Pero el “yo” no puede perdurar. La melancolía es el sentimiento que hace consciente la ligazón de las ilusiones a un momento determinado del tiempo pasado, por ello “la ilusión del yo presente se deshace entre las manos”.


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