Una vana ilusión


En casual y sorprendente consonancia con la última entrada, en la que Lobo Larssen intenta hacer ver al ingenuo van Weyden la futilidad perseverante de la propia vida para consigo misma, traigo el siguiente extracto:

Y tan vana como la ilusión filosófica […] son vanos todos los juegos optimistas de esta eunuca humanidad que está apegada a la propia necesidad de vivir a cualquier precio más que «la luz a la llama» que es capaz de castrar, empobrecer reducir esta vida a los últimos residuos con tal de no morir. La cualidad esencial del hombre es la cobardía.−

Carlo Michelstaedter: “Sabiduría y felicidad”, en La melodía del joven divino, Sexto Piso, 2011. Pág. 60.

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