Anselmus Cantuariensis: un argumento músico-ontológico


El afán de la escolástica medieval no era otro que demostrar la existencia de Dios. Y ahí es donde se sitúa este fragmento de Anselmo de Canterbury (1033-1109). Téngase, por adelantado, que el argumento es erróneo. Como suele ser costumbre, deduce de la esencia la existencia, teniéndo a ésta última como propiedad participante de la perfección, cuando no es más que un cuantificador.

Por lo tanto no es su valor lógico lo que me llama la atención, sino el ejercicio de retórica. Con una repetición casi hipnótica de palabras el texto adquiere una musicalidad “religiosa”. Sin más, ahí va el fragmento, extraído de la obra Los cristianos de Jesús Mosterín:

Así, pues, Señor, Tú que das inteligencia a la fe, concédeme, en cuanto me sea conveniente, entender que existes, como lo creemos, y que eres lo que creemos. Ciertamente, creemos que Tú eres algo mayor que lo cual nada puede ser pensado.

Se trata de saber si existe una naturaleza que sea tal, porque el insensato ha dicho en su corazón: «no hay Dios». Pero cuando me oye decir que hay algo por encima de lo cual no se puede pensar nada mayor, este mismo insensato entiende lo que digo; lo que entiende está en su entendimiento, incluso aunque no crea que ello exista.

Porque una cosa es que la cosa exista en el entendimiento, y otra que entienda que la cosa existe. Porque cuando el pintor piensa de antemano el cuadro que va a pintar, lo tiene ciertamente en su entendimiento, pero no entiende todavía que exista lo que todavía no ha realizado. Cuando, por el contrario, lo tiene pintado, no solamente lo tiene en el entendimiento sino que entiende también que existe lo que ha producido. El insensato tiene que conceder que tiene en el entendimiento algo por encima de lo cual no se puede pensar nada mayor, porque cuando oye esto, lo entiende, y todo lo que se entiende existe en el entendimiento.

Y ciertamente aquello mayor que lo cual nada puede ser pensado no puede existir solo en el entendimiento. Pues si existe, aunque solo sea en el entendimiento, puede pensarse que exista también en la realidad, lo cual es mayor. Por consiguiente, si aquello mayor que lo cual nada puede pensarse existiese solo en el entendimiento, se podría pensar algo mayor que aquello que es tal que no puede pensarse nada mayor. Luego existe sin duda, en el entendimiento y en la realidad, algo mayor que lo cual nada puede ser pensado.

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