Escritor vs persona: Dostoievski


Entre los escritores considerados malditos podemos encontrar a L. Ferdinand Céline, E. M. Cioran, C. Bukowski, etc. Pero también, al parecer, a Dostoievski. Según cuenta uno de sus biógrafos, Strakhov, en una carta dirigida a Tolstoi y publicada en 1913, Dostoievski “no podía reprimir su maldad”. Como creo que la carta no tiene desperdicio, copio a continuación lo que de ella publica Chestov en Las revelaciones de la muerte. Así habla Strakhov acerca de Dostoievski:

“Mientras escribía me veía obligado a luchar todo el tiempo contra un sentimiento de disgusto que se alzaba en mí; yo trataba constantemente de ahogar mis malos sentimientos. Ayúdeme usted a deshacerme de ellos. Yo no puedo considerar a Dostoievski como un hombre bueno y dichoso. Era malo, envidioso, libertino. Toda su vida vivió dominado por pasiones que lo hubieran tornado ridículo y miserable si no hubiera sido tan inteligente y tan malo. Con motivo de esta biografía me he acordado mucho de tales sentimientos. En Suiza, estando yo presente, trató tan mal a su criado, que éste se ofendió y le dijo: “¡Yo también soy un hombre!” Recuerdo cómo me impresionó esa frase, que reflejaba las ideas de la libre Suiza acerca de los derechos del hombre y que estaba dirigida a aquel que nos predicaba siempre los sentimientos más humanos. Escenas semejantes se reproducían todo el tiempo; no podía reprimir su maldad. Muchas veces respondí con el silencio a sus salidas, que profería a la manera de los viejos, de pronto, y a veces soslayadamente; pero una o dos veces tuve que contestarle cosas muy desagradables. Sin embargo, aventajaba en eso a las gentes vulgares, y lo peor es que le daba placer y no se arrepentía jamás, ni siquiera en lo más hondo, de las villanías. Las villanías lo atraían y se jactaba de ellas. Viskovatov (el profesor de la Universidad de Yurieff) me ha contado cómo se jactaba de haber seducido en el baño a una chica que le había llevado la gobernanta. Entre los personajes, los que se le parecen más son: el héroe de La voz subterránea, Svídrigaílov y Stavroguine. Katku se resistió a publicar una de las escenas de Stavroguine (la violación, etcétera), pero Dostoievski se la ha leído aquí a muchos. Al lado de eso, se sentía inclinado a una sentimentalidad dulzona, a las ensoñaciones elevadas y humanitarias, y son esas ensoñaciones, su musa literaria, su tendencia, las que nos resultan más caras. Todas sus novelas, en suma, tratan de disculpar al autor; prueban que las más horribles villanías pueden coexistir en el hombre con la nobleza del sentimiento. He aquí un pequeño comentario a mí biografía; podría yo describir ese lado malo del carácter de Dostoievski; recuerdo muchos casos más impresionantes todavía que los que acabo de citar; mí relato habría sido más verídico; pero, que perezca esa verdad; continuemos poniendo a la vista el lado hermoso de la existencia, como lo hacemos siempre, en todas las ocasiones.”

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