Bukowski y la filosofía


Hablar de Bukowski (Henry Chinaski, o como quieran) en un blog de filosofía puede parecer, a primeras, no tener mucho sentido. Por eso voy a intentar explicarme. Hace un año aproximadamente, durante una clase en la facultad, sin recordar con exactitud el tema, un profesor comentaba que echaba de menos autores que verdaderamente te arrebataran. Autores que –tal vez ese profesor pensaba en Céline- fueran desgarradores, pues la filosofía debería surgir de las entrañas, ser algo visceral. El caso es que mencioné el nombre de Bukowski. Su reacción –la del profesor- fue casi la risa.

Supongo que el realismo sucio, esa vulgaridad, no debe ser bien tolerada en los círculos académicos; y menos en los filosóficos. Eso correspondía a una época, sobre todo en Norteamérica, en la que todo estaba pasado de vueltas. Sin embargo, me ha sucedido algo curioso. He estado leyendo simultáneamente –sin pretenderlo- a Cioran y Bukowski. Sin darme cuenta, al leer al primero me parecía leer a un Bukowski refinado; y al leer a éste último, tenía la sensación de leer a un Cioran desinhibido, sin formalismos. La literatura francesa, incluso Céline, siempre me ha parecido bastante recargada; barroca. Pero no es el estilo lo que encontré interesante.

Ambos representan lo que aquél profesor quería dar a entender, que la filosofía, así como la literatura, surgen inevitablemente de una confrontación del autor consigo mismo, y en ese sentido es visceral. Los megasistemas filosóficos como el kantiano también surgen de la misma confrontación, pero se forman en una especie de proceso de descafeinado. Como bien advirtió Dilthey, la filosofía kantiana es totalmente carente de vida. Creo que tanto Bukowski como Cioran no solo fueron conscientes de ello, también lo vivieron; cada uno a su manera, pero con evidentes similitudes. Desconozco si se conocieron o siquiera si se leyeron. Pero Bukowski sí que leyó por ejemplo a otro autor que se preocupó por el mismo tema: Albert Camus. En la recopilación de relatos titulada Música de cañerías Bukowski comenta que «Camus hablaba de la angustia y el terror y de la miserable condición del’Hombre». Pero de la misma manera que Dilthey criticó a Kant, continúa con esta hilarante observación: «Camus escribía como un hombre que acabara de darse una buena cena con bistec, patatas fritas y ensalada, todo regado con una botella de buen vino francés. Tal vez la humanidad sufriera; él no. Tal vez fuera un sabio, pero Henry prefería a alguien que chillara cuando se quemaba». También Cioran atacó duramente, sobre todo en Las cimas de la desesperación, a esos filósofos que son presa de sus sistemas tan alejados de la vida. Allí comenta que «una perfecta unidad, la búsqueda de un sistema coherente son la prueba de una vida personal pobre, esquemática e insulsa, carente de contradicciones, de gratuidad, de paradojas».

Esos gritos llenos de vida que Bukowski le reclama al “afrancesado” Camus, los encontramos por todos lados en los escritos de Cioran. Un Cioran que sí conoció a Camus, del que comentó lo siguiente: «Un excelente escritor menor, pero que fue grande por haber carecido totalmente de vulgaridad». Justamente lo que le sobraba a Bukowski. Y un Cioran que sí grita cuando se quema, y que representa lo que Bukowski no consiguió encontrar en Camus. Pues el propio Cioran dirá de sí mismo: «Soy un filósofo aullador. Mis ideas –si ideas son- ladran: no explican nada, estallan». Bukowski grita esa angustia y terror ante la existencia. En La senda del perdedor nos enconrtamos ante un relato totalmente desgarrador. En una página podemos ser presa del asco más repugnante, para luego estar apunto de llorar, y dos páginas después, ser incapaces de contener no ya una risa, sino una carcajada. Bukowski y Cioran representan ese sujeto desgarrado del que ya he hablado en otras entradas. No se dedicaron a elaborar sistemas filosóficos, o novelas filosóficas, porque comprendieron que que lo fundamental es ese desgarro, esa confrontación, esa lucha llena de antinomias y confrontaciones -de las que no pudieron y tampoco quisieron salir-, y su propósito no era, ni mucho menos, descafeinar esa experiencia por medio de un sistema explicativo avital.

Creo haber mostrado, aunque solo sea de una manera rápida, que un autor como Bukowski sí tiene cabida en el ámbito filosófico. Y que sus similitudes con otros pensadores de su época como Cioran, parecen en un principio intranscendentes, pero llegan a tornarse reveladoras de una confrontación vital (pólemos) que está estrechamente relacionada con la filosofía.

Nota: La obra de Bukowski la podemos encontrar casi por completo en Anagrama, en su colección de compactos. Y la de Cioran en Tusquets en distintas colecciones.

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