Correspondencia I: Kappus & Chandos


Hace unos cuantos días decidí releer Cartas a un joven poeta, de Rilke. Una correspondencia que inició un joven llamado Franz Xaver Kappus, que se iniciaba en la poesía estando en una academia militar, al igual que Rilke años antes. El caso es que en el primer párrafo de la primera carta, una frase llamó mi atención. Era la siguiente: «Las cosas no son todas tan palpables y decibles como nos querrían hacer creer casi siempre». Inmediatamente vino a mi mente la Carta de Lord Chandos escrita por Hofmannsthal. La resonancia parecía casual, pero tras ir leyendo ambas correspondencias fueron apareciendo algunas similitudes. De eso precisamente trata esta entrada, que pretende ser, además, la primera de otras relacionadas con cartas o la correspondencia de diferentes autores.

Las cartas de Kappus (que no se recojen en la obra) fueron escritas con la intención de que Rilke, un poeta joven aunque ya consagrado, le respondiera a distintas cuestiones que le atormentaban: de un poeta, a otro que pretendía serlo. Casi desde la primera, al parecer, se volvieron el reflejo de inquietudes bastante personales. Comienzan con la negativa de Rilke a analizar críticamente el poema que Kappus le había enviado; justificándose con la frase citada. Las cartas son, en toda regla, una oda a la soledad. Una soledad irremediablemente necesaria para toda posible creación artística. La creación para Rilke surge de la necesidad: «basta, como he dicho, sentir, que se podría vivir sin escribir para no deber hacerlo en absoluto». Las citas a este respecto son casi interminables, pero me bastan dos más para el propósito de ligar estas cartas con la de Chandos. Rilke le advierte a Kappus que «en las cosas más profundas e importantes, estamos indeciblemente solos» y, trasladada esta cuestión al plano artístico de la creación, se hace evidente que «las obras de arte son de una infinita soledad», para acabar tocando el punto clave: «y con nada se pueden alcanzar menos (las obras de arte) que con la crítica». Y es que el lenguaje, las palabras, yerran «cuando han de significar lo más silencioso y casi indecible». Este, precisamente, será el problema que plantea Lord Chandos, ese personaje ficticio creado por Hofmannsthal para dar cuenta de su crisis artística y personal.

Como anécdota, se da la casualidad que Rilke y Hofmannsthal se conocieron un par de años antes de que estas correspondencias tuvieran lugar (1902 en adelante). Una frase refleja exactamente el problema de esta carta: «Mi situación es, en resumen, esta: he perdido, completamente, la facultad reflexionar o de hablar de manera coherente sobre cualquier cosa». ¿Cuál era la causa? La anticipada -no en sentido temporal- por Rilke. La inutilidad o insuficiencia del lenguaje. Las palabras, dice Chandos, se le deshacían como setas podridas en la boca. «Todo se me deshacía en partes, las partes de nuevo en partes, y nada quedaba que pudiera aprehenderse con un cocepto». De una manera casi heideggeriana -curiosamente en otra carta, la del humanismo-, Chandos cuenta en su carta que no era él ya capaz de hablar sobre la naturaleza, sino que la naturaleza se le presentaba a él: «como si pudiéramos entablar una nueva, premonitoria relación con la totalidad del ser»; y no son, aunque lo parezcan, palabras de Heidegger. Esta nueva relación se da o dará, cuando -y aquí coinciden Rilke y Hofmannsthal- empecemos «a pensar con el corazón» (Chandos), porque en lo referente a la naturaleza como al arte «sólo el amor puede captarlas y retenerlas, y sólo él puede tener razón frente a ellas» (Rilke). Hay una armonía, también heideggeriana, de Chandos con la naturaleza completa, en definitiva, con la mundaneidad. Este cuenta cómo una simple regadera abandonada en el campo a la sombra de un árbol, podía conmoverlo más que cualquier obra artística de refinada exquisitez. En este sentido, vemos una especie de asombro que únicamente está presente durante la infancia. Y aquí, de nuevo, hay otra coincidencia entre Rilke y Hofmannsthal. Rilke aconseja contínuamente a Kappus que realice una especie de introspección hacia su infancia, donde todo conservaba su halo más puro. Chandos habla de un asombro ante cualquier objeto, justamente lo que Rilke pretende conseguir con el “retorno” a la infancia. La infancia está llena -como enuncia Rilke en un poema titulado precisamente Infancia– de vida, mucho más de lo que lo está cuando la aprisionamos y limitamos con el lenguaje. Es normal, pues, que tanto Chandos (o Hofmannsthal) como Rilke sufran esa suerte de crisis artística, pues su campo juega con el lenguaje y las palabras como medio de expresar la realidad, pero esa herramienta se muestra siempre limitada y limitadora en tanto función aprehensora. El ansia de plenitud del poeta o del literario, se ve siempre impedida por el lenguaje.

Nota: He seguido la edición de Alianza (2006) para la obra de Rilke. Y en el caso de Hofmannstahl he tenido que recurrir a la edición alemana del proyecto Gutenberg que se encuentra en la página de Der Spiegel, y que aconsejo sobre la edición española por evidentes razones. He seguido las ediciones en español de El Barquero y la de Igitur, que presentan ciertas dificultades derivadas de la traducción.

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