Al final de la primera parte hay una apresurada relación del Pensamiento de la Muerte en tanto aniquilador de sentido. Se trata en esta ocasión de intentar acotar los límites de esta afirmación.
Toda acción, todo movimiento se torna baladí, pues qué importancia podría tener si al siguiente movimiento ya no será más; y el pensamiento, en tanto apropiación y proyección, es también movimiento y participa por ello de su mismo destino.
La plena conciencia de la muerte hace imposible el vivir. Vivir es propiamente actuar; es movimiento. El actuar persigue siempre un logro; que en última instancia dota de sentido al actuar (ya sea alcanzado o no) (más…)







